Nuestro camino hacia la santidad puede durar toda una vida. El avance espiritual requiere constancia, obediencia y mucha perseverancia. Lo importante es mantenernos buscando a Dios con humildad y entrega. En la medida en que nos acercamos a una vida más pura, o cuando prosperan nuestros ministerios, podemos correr el error de enorgullecernos y pensar que estamos en un nivel superior.
El libro de Proverbios dice en su capítulo 18 que la arrogancia anticipa la caída, de modo que cuando alguien comienza a sentir arrogancia sobre sus logros como persona y como creyente, corre el peligro de caer en uno de los pecados más comunes: el orgullo.
Recordemos la humildad de Jesús y seamos imitadores de su carácter, buscando constantemente Su Presencia.
¡Ese es el camino que nos lleva a estar cerca de Él para siempre!
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