Publicado en Devocional

En tu presencia hay plenitud de gozo

“En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” Salmos 16:11

¿Cómo puedo tener gozo en medio de las pruebas? La vida está frecuentemente llena de estrés, conflictos y ansiedad que pueden llegar a robarnos el gozo.
El gozo es parte del fruto del Espíritu, por lo tanto, no es algo natural en mí sino la evidencia de la presencia de Dios en plenitud y al control de mi vida.

El pecado también roba nuestro gozo, por lo cual, la confesión y arrepentimiento nos restaura a una relación de comunión con el Señor (Salmos 51:1,2 y 1ª Juan 1:9).

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, as í tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer… Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” Juan 15:5-6, 10-11

La permanencia en el Señor en una vida de comunión y el estar en Su presencia es la fuente del gozo, la cual es inagotable porque no depende de mí… sino de Dios.

La felicidad es causada por las cosas que suceden a mí alrededor y las circunstancias pueden estropearlo, pero el gozo brilla a través de los problemas, es una luz en la oscuridad. El gozo es la sonrisa del alma que no se afecta por las personas o circunstancias.

El verdadero cristianismo es inseparable del gozo pro fundo. La felicidad depende de los acontecimientos, pero el gozo depende de nuestra relación con Jesucristo.

“Estad siempre gozosos” 1ª Tesalonicenses 5:16

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Sino no Puedes Ser Feliz

Es conocido por todos los cristianos que en el corazón del hombre hay un espacio para lo espiritual. Dios nos ha creado con un espíritu que necesita conectarse con Él. Esto es así porque «Dios ha plantado la eternidad en el corazón de los hombres» (Eclesiastes 3:11).

 Es por esto que nunca encontraremos felicidad plena aquí en la tierra. No somos felices aquí porque este no es nuestro hogar. No somos felices aquí porque pertenecemos a otro Reino.

 Somos «como extranjeros y forasteros en este mundo» (1 Pedro 2:11, NVI). Estamos de paso en este mundo, anhelando, junto con la Creación, la manifestación del Hijo de Dios.

 Por eso Jesús nos dice que más bien nos preocupemos en hacer tesoros en los cielos (Mateo 6.19-20), los cuales permanecen para siempre. También se nos exhorta a buscar siempre las cosas de arriba y concentrar nuestra atención en las cosas del cielo, no las de la tierra (Colosenes 3.1-4).

 Nunca serás feliz del todo sobre la tierra simplemente porque no fuiste hecho para la tierra. Por supuesto que tendrás momentos de gozo y plenitud. Conocerás momentos o hasta días de paz. Pero no son comparables con la felicidad que se encuentra más adelante.

 Mira lo que nos dijo Jesús: «No se preocupen tanto por la comida que se acaba, sino por la comida que dura y que da vida eterna. Esa es la comida que yo, el Hijo del hombre, les daré, porque Dios mi Padre les ha mostrado que yo tengo autoridad». Juan 6:27 (Biblia en Lenguaje Sencillo).

Con esto no estoy diciendo que se entreguen al abandono y dejen de trabajar, sino que presten principal atención a Dios, porque es en Él que está nuestra felicidad. Las cosas de este mundo no nos pueden hacer felices eternamente, así que no pongamos nuestra felicidad en nuestro trabajo, pareja o cosas materiales porque el único que nos puede hacer felices por siempre es Nuestro Padre. Mateo 6.33 dice: «Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas».

 Así que, amigo(a), Jesús te dice hoy: «No te preocupes. Confía en Dios y confía también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos. Tú conoces el camino para ir a donde yo voy» Juan 14:1-4 (Biblia en Lenguaje Sencillo)

Sea cual sea tu situación actual, recuerda que «somos ciudadanos del cielo y esperamos que de allí vuelva nuestro Salvador, el Señor Jesucristo. Nuestros débiles cuerpos serán destruidos, pero él los transformará en cuerpos grandiosos como el suyo. Esto lo hará con el mismo poder con que controla todo el universo». Filipenses 3.20-21 (BLS)

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Entre el mundo y el cielo

«Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí, el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

El enjugará toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas han pasado.

Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.» (Apocalipsis 21:3-5)

«La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.» (Apocalipsis 21:23)

No nos alcanza la imaginación para pensar el cielo futuro. Resulta casi imposible imaginar un lugar donde nada, absolutamente nada nos aqueje, nos preocupe, nos apene. D onde sólo exista el gozo y donde podamos ver a nuestro Padre. Donde residen la justicia y el bien, ese cielo tan hermoso y maravilloso que no podemos pensar.

Nuestro mundo, en cambio, nos ofrece otro panorama: familias destrozadas, hijos abandonados, violencia, generaciones perdidas por las drogas, villas, personas que mueren cada segundo de hambre, sed o sida, pobreza, corrupción, desdicha, guerras, asesinatos, inseguridad, gente en las calles hurgando la basura para comer… la lista es cada vez peor y demasiado extensa.

Entre el cielo prometido y el mundo en que vivimos hay un abismo: contrapongamos las calles de oro con nuestras calles plagadas de miseria donde la basura y el hombre son la misma cosa. O la ausencia de muerte y la alegría con el dolor de ver morir de hambre a millones.

Y en el medio, nosotros, los cristianos que vivimos hoy en este planeta pero ya hemos comenzado a vivir el cielo, porque somos ciudadanos del Reino de Cielo s, porque el Señor está aquí con nosotros y nos deja gozar de sus beneficios también en esta vida. Hoy hay pena pero tenemos consuelo. Hoy hay preocupaciones pero tenemos esperanza. Y es que hoy contamos con Él en nuestra vida.

Pero hay todo un mundo que aún solo experimenta tristeza, un mundo que ve cada vez más oscuro el futuro y la esperanza es una palabra linda que sólo suena en las canciones. ¿Dónde está el cielo para ellos?

Nosotros tenemos nuestro cielo ahora pero no siempre lo compartimos y nos quedamos absortos viendo como este mundo se pudre.

Mostremos las puertas al cielo, compartamos la felicidad de experimentar a Cristo en la vida y gocemos que muchos otros gocen el cielo con nosotros. Mostremos la mano que a nosotros nos rescató, el camino que un día decidimos tomar. Ese que nos hace vivir hoy y mañana al cielo mismo.

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Dios esta con Nosotros

Dios está contigo ahora. Él te acompaña y te lleva de Su mano poderosa.  A pesar de tus lágrimas, a pesar de tus dudas y flaquezas, Él todavía está contigo. Y te lo recuerda en Su palabra por medio de lo que escribió el apóstol Pablo:

«Por eso, alégrense, aunque sea necesario que por algún tiempo tengan muchos problemas y dificultades. Porque la confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se prueba con fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se prueba por medio de los problemas.
Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro, pues el oro se puede destruir. Así, cuando Jesucristo aparezca, hablará bien de la confianza que ustedes tienen en Dios, porque una confianza que se ha probado tanto merece ser muy alabada.
Amigo(a), aunque nunca hayas visto a Jesucristo, lo amas y crees en él, y tienes una alegría tan grande y hermosa que no puede describirse con palabras. Vives alegre porque ya sabes que Dios te salvará, y por eso confías en él». 1 Pedro 1:6-9 (TLA)
Y por eso es que puedes orar como el salmista:
«Cuando me encuentro en problemas, tú me das nuevas fuerzas. Muestras tu gran poder y me salvas de mis enemigos». Salmos 138:7 (TLA)
Mira lo que te recuerda Jesús en este día: «No te preocupes. Confía en Dios y confía también en mí. Te doy la paz. Pero no una paz como la que se desea en el mundo; lo que te doy es mi propia paz. No te preocupes ni tengas miedo por lo que va a pasar pronto» Juan 14:1 y 27 (TLA)
El apóstol Pablo sabía mucho de las pruebas, tuvo muchas experiencias difíciles, pero aun así declaró: «Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen». 2 Corintios 4:8-9 (TLA)
«Por eso, no dejes de confiar en Dios, porque sólo así recibirás un gran premio. Sean fuertes, y por ningún motivo dejen de confiar cuando estén sufriendo, para que así puedan hacer lo que Dios quiere y reciban lo que él les ha prometido». Hebreos 10:35-36 (TLA)
«Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús». Filipenses 1:6 (NVI)

Por eso, «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos». Gálatas 6:9 (NVI)

«Todos ustedes, los que confían en Dios, ¡anímense y sean valientes!» Salmos 31:24 (TLA)

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Dios Nunca Cambia

Recuerdo que en noviembre escribí que como seres humanos somos muy olvidadizos. Muy rápido se nos olvida de dónde nos sacó el Señor, olvidamos Su obra maravillosa en nosotros y la preciosa paz que experimentamos el día que Él nos abrazó por primera vez.

El mismo problema que tuvo el pueblo de Israel hace tantos años es el que tenemos ahora: la pasión que sentimos por nuestro Dios se evapora de a poquito con todas las cosas que tenemos que hacer.

Pero Dios no se conforma con eso. Y Él te llama a sus brazos nuevamente, para que estés con Él y para que recuperes tu primer amor. Por eso le decía a Su pueblo:

«¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? El amor de ustedes es como nube matutina, como rocío que temprano se evapora». Oseas 6:4 (NVI)

Y también se lo recordó a la iglesia de Éfeso, ellos se jactaban de sus buenas obras, pero Dios les recordó que a pesar de todo eso:«Hay algo que no me gusta de ti, y es que ya no me amas tanto como me amabas cuando te hiciste cristiano». Apocalipsis 2:4 (TLA)

Por esto mismo Dios le recordaba a Su pueblo: «¡Pero tengan cuidado! Presten atención y no olviden las cosas que han visto sus ojos, ni las aparten de su corazón mientras vivan. Cuéntenselas a sus hijos y a sus nietos». Deuteronomio 4:9 (NVI)

Amigo, hoy Dios te dice: «Ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado tu plata y tu oro y sean abundantes tus
riquezas, no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tu Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo»
. Deuteronomio 8:11-14 (NVI)

El mensaje es muy claro: Ya sea en la abundancia o en la escasez, no te olvides del Señor tu Dios.

En este día te invito a orar como el pueblo de Israel lo hizo:«Conozcamos al SEÑOR; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra». Oseas 6.3

Porque esto es lo que Dios quiere, Amigo: «Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos». Oseas 6.6

Por eso, hoy más que nunca, vuelve a amar a Dios como aquel primer día, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. «Así dice el Señor: Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado». Jeremías 6:16 (NVI)

«Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos confiar siempre en que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad». 1 Juan 1:9 (TLA)

«Desde la época de sus antepasados se han apartado de mis preceptos y no los han guardado. Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes dice el Señor Todopoderoso». Malaquías 3:7 (NVI)

Ése es el pedido de Dios.