El enfado es una emoción humana que Dios no condena. El Señor entiende que, en ocasiones, podamos enfadarnos. ¡Eres un ser humano, no un superhéroe! En sí mismo, enfadarse no es pecado. De hecho, el Señor en ocasiones se enfada (mira Romanos 1.18, Jeremías 10.10).
La Biblia, sin embargo, te anima a que no mantengas el enfado en tu vida: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4.26) Sigue leyendo «No dejes que la ira se instale en tu vida»
Nuestro corazón no es siempre tan puro como nos gustaría. En ocasiones, de hecho, nos decepciona: nos lleva a criticar, a enfadarnos con los demás, a tener pensamientos negativos, a enfadarnos…
Imagínate: estás en la autopista. La carretera es bonita, está despejada, y vas escuchando tranquilamente las canciones del último álbum de tu artista favorito. Todo va bien. De repente, otro conductor aparece de la nada, te adelanta y se pone justo delante de ti, obligándote a pisar el freno para evitar chocar con él. ¿Cuál es tu reacción?
¿Recuerdas los sueños que tenías cuando eras pequeño(a)? Para aquellos que han tenido un buen padre en su infancia, generalmente solo deseaban una cosa cuando eran pequeños: ¡ser como su “Papá”! Tener el mismo oficio que “Papá”, practicar el mismo deporte que “Papá”…
Hay personas a las que nunca llegaremos a conocer. Algunas porque viven muy lejos como para que podamos cruzarnos con ellas; otras porque sencillamente son inaccesibles. ¡Aunque vivieses en Washington DC, a algunas calles de la Casa Blanca, no te sería fácil encontrarte con el presidente de los Estados Unidos!