Si eres como yo, seguramente que cuando una prueba llega a tu vida no te pones a saltar de alegría, gritando: “¡Estupendo, una preocupación más!”. ¡No, las pruebas nos entristecen, nos cargan, y es normal!
“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” (1 Pedro 1:6). Sigue leyendo «¡Ten ánimo, Dios está contigo!»



El día que le di mi vida a Jesús, lo hice completamente. Le di todo lo que tenía en aquella época de mi vida, todo lo que yo era. Le di mis fracasos, mis inseguridades: puse todo en Sus manos. Confié en Él y decidí darle mi vida sin reservas. Esta es la única forma en la que le podemos dar nuestro corazón a Jesús, cuando se lo damos totalmente.